Moverte te transforma: beneficios de la actividad física
Algunas personas piensan que hacer actividad física es sinónimo de practicar deportes de
equipo, como el básquet, el vóley o el fútbol. Sin embargo, actividades más tranquilas como
caminar, hacer jardinería, yoga, taichí, bailar, también son excelentes actividades físicas. Lo
mismo ocurre con las tareas cotidianas como subir escaleras, pasear un perro, cortar el
césped, andar en bicicleta, etc. La actividad física es cualquier actividad que te mantenga en
movimiento. Lo importante es hacerlo en forma regular.
Las personas con trastornos hemorrágicos pueden participar en muchas actividades de forma
segura. En hemofilia, la actividad física controlada es una parte fundamental del tratamiento
integral. Lejos de estar contraindicada, la práctica supervisada reduce la frecuencia de
sangrados y protege las articulaciones a largo plazo (incrementando su estabilidad y
función).

Beneficios de la actividad fisica regular

Actividades de riesgo
Para un paciente con un problema hemorrágico, ciertas actividades físicas o deportes
pueden implicar un riesgo de lesiones. Evitar todas las hemorragias es probablemente
imposible, sin embargo, evitar las más graves y las hemorragias repetidas en la misma
articulación es sumamente importante. Hay factores que aumentan la probabilidad de
hemorragia y el riesgo de lesiones graves:
-Contacto y colisión: los deportes con colisiones deliberadas, como el rugby son más
riesgosos que aquellos con contacto ocasional.
-Movimientos repetitivos y extremos: las actividades que utilizan las articulaciones al
límite de su rango de movimiento pueden comprimir la membrana sinovial y provocar
una hemorragia. Algunos ejemplos son los deportes de raqueta, donde el codo puede
hiperextenderse muchas veces, y correr y saltar, donde el tobillo se dorsiflexiona
repetidamente.
-Velocidad: los deportes motorizados, como el motocross, conllevan un mayor riesgo
de lesiones que el ciclismo convencional debido a su velocidad.
-Fuerza del impacto: El boxeo, por ejemplo, es un deporte extremadamente riesgoso,
incluso para personas sin trastornos hemorrágicos, debido a la alta fuerza del impacto
y a que este es frecuente y deliberado.
-Altura: cuanto mayor sea la altura, como en el esquí, el snowboard y el ala delta,
mayor será el riesgo de lesiones graves.
-Condiciones impredecibles: las olas en el esquí acuático y las superficies heladas en el
esquí, son ejemplos de cómo las condiciones impredecibles pueden afectar el grado
de riesgo. Los movimientos de los jugadores en los deportes de equipo también son
impredecibles y pueden provocar colisiones.
Elegir la actividad con cuidado, prepararse bien para ella, usar el equipo de protección adecuado y
saber cuánto tiempo y con qué intensidad practicarla, puede ayudar a reducir el riesgo de lesiones.
Aprender a tomar buenas decisiones, con el apoyo de los miembros del equipo médico (y a veces
mediante ensayo y error) es fundamental para crecer y vivir con una afección crónica como un
trastorno hemorrágico. Es probable que el hematólogo ajuste tu tratamiento al esquema de
actividad física, buscando mantener los niveles del factor de coagulación en la sangre, en valores
seguros para disminuir el riesgo de hemorragias.
Actividades en general seguras:
-natación
-golf
-yoga
-caminatas
-canotaje
-ciclismo
-taichí
Estas actividades pueden causar algunas
lesiones, pero pueden ser divertidas para
hacer con amigos. Si te preparas
adecuadamente, podes practicarlas:
-básquet
-beisbol
-tenis/ tenis de mesa
-vóley
-correr
-patinaje
Hablemos de futbol..
En Argentina, el fútbol trasciende la categoría de simple deporte: es un elemento constitutivo de la identidad
nacional, un lenguaje social y un fenómeno cultural de masa. No se trata de un pasatiempo, sino de un pilar
cotidiano alrededor del cual se estructuran relaciones humanas, memorias de infancia y emociones colectivas.
“Jugar a la pelota” es la manera de referirse a la práctica recreativa de este deporte que se inicia desde muy
temprana edad. Pero sabemos, que aunque se trate de un juego, no se renuncia a la competencia, y por lo tanto
hay contacto y colisiones.
Por eso debemos analizar los riesgos que implican la práctica de este deporte, para que la toma de decisiones sea
a conciencia y compartida con el equipo médico, ajustando algunas medidas de prevención durante el juego, así
como optimizando el tratamiento para disminuir al máximo el riesgo de hemorragias.
El fútbol es clasificado formalmente como un deporte de contacto e interposición que permite y exige disputas
físicas directas entre los rivales para obtener o proteger la pelota. Y todos los jugadores en el campo
experimentan roces, cargas o disputas durante un partido (incluido el arquero).
Si bien las colisiones de alta fuerza y velocidad son ocasionales, son situaciones que implican un muy alto riesgo
de lesión (y en un paciente con hemofilia, un riesgo de hemorragia grave). La cabeza, los tobillos y las
rodillas son las zonas del cuerpo que más absorben el impacto durante las colisiones y choques de alta
energía en el fútbol. El cuádriceps y los músculos de la pelvis absorben los impactos directos por rodillazos
del rival (la famosa "paralítica") o los impactos laterales contra el suelo al barrerse.
Cabecear una pelota proveniente de un tiro de esquina implica un grado de colisión de magnitud moderada a
alta, situándose entre las acciones voluntarias más intensas del fútbol. Esta colisión puede provocar una
subconmoción cerebral (no llega a provocar una conmoción cerebral (con mareos, pérdida de conocimiento,
desorientación o náuseas). Su importancia radica en que la acumulación repetida de estos impactos se ha
vinculado a una enfermedad neurodegenerativa llamada Enfermedad Traumática Crónica Encefálica (ETCE) que
produce deterioro cognitivo, alteraciones del estado de ánimo/conducta, temblores, etc. en etapas posteriores de
la vida.
El verdadero peligro de buscar un cabezazo no es solo la pelota, sino la alta probabilidad de chocar cabeza con
cabeza, contra el suelo o recibir un codazo de un rival. A nivel competitivo, aunque la FIFA otorga flexibilidad
regulatoria a cada país, la recomendación oficial de la IFAB (la junta directiva de la asociación internacional de
fútbol) es eliminar los cabezazos en etapas formativas tempranas. En muchos países las restricciones actuales
prohíben o limitan estrictamente el cabezazo deliberado en el fútbol infantil, principalmente en
menores de 12 años. En años posteriores se restringen durante los entrenamientos y se evita el uso de
pelotas con excesiva presión de aire.
Los giros con el pie fijo en el césped, patear de forma repetida, saltar, trabar la pelota, desaceleraciones
violentas, caer mal, recibir pisotones, etc. determinan las lesiones características en rodillas y tobillos
(esquince/rotura de ligamentos, desgaste de meniscos, osteofitos, etc). En los pacientes con hemofilia, además,
se pueden producir hemorragias articulares y/o musculares que deben ser tratadas de inmediato y hasta su
recuperación completa.
Es fundamental el entrenamiento adecuado para reforzar los músculos isquiotibiales, cuádriceps y gemelos para
estabilizar las articulaciones y realizar ejercicios de equilibrio.
Es importante tener una variedad de
actividades para elegir, para minimizar el
tiempo de sedentarismo y para poder
alcanzar los objetivos de actividad aeróbica
y fortalecimiento la mayor parte del tiempo
Comentarios Finales
Considerar que incluso las
actividades seguras pueden ser
demasiado arriesgadas para ciertas
personas en determinado momento
La presencia de articulaciones
dañadas (artropatía) o la presencia
de inhibidores pueden determinar
una selección más limitada y
controlada de las actividades físicas
Si eliges un deporte de riesgo
o uno de alta competencia
es fundamental que lo
discutas con tu equipo
médico!
Caminar para trasladarse a la
escuela/trabajo o utilizar la bicicleta,
puede ser un buen comienzo que
tendrá un impacto significativo muy
positivo en tu salud!
Cualquier plan de ejercicio debe coordinarse
con el hematólogo y el fisioterapeuta para
ajustar el tratamiento y para realizar el
seguimiento de las articulaciones que puedan
dañarse con la actividad elegida
