Trastornos hemorrágicos en la escuela: cuidar, incluir y actuar
Si el alumno tiene un trastorno hemorragico y presenta:
Los estudiantes con trastornos hemorrágicos, como la hemofilia o la enfermedad de von Willebrand, pueden desarrollar una escolaridad plena e inclusiva, participando de las actividades escolares junto a sus pares. Estas condiciones no implican un sangrado más rápido, sino hemorragias de mayor duración, por lo que resulta fundamental prevenir situaciones de riesgo de traumatismos.
Es indispensable que el personal escolar esté informado sobre el diagnóstico del alumno, su tratamiento y las medidas de cuidado necesarias, así como contar con un plan de acción ante episodios de sangrado.
La educación física es recomendable, siempre que se eviten actividades de contacto o alto impacto y se favorezca una integración segura. Asimismo, se aconseja el uso de calzado cómodo y adecuado. La información, la prevención y la actuación oportuna son claves para garantizar el cuidado y la inclusión en el ámbito escolar.



Explique al personal de la escuela que si su hijo dice que está teniendo un episodio de sangrado
o se queja de hormigueo, burbujeo, dolor, rigidez o disminución en la movilidad de una
extremidad, debe creerle, ayudarlo y comunicarse con Ud. Los pacientes son, en general, los
primeros en percibir el inicio de una hemorragia muscular o articular.
Las adolescentes con trastornos hemorrágicos pueden tener dolor menstrual intenso
(dismenorrea) y menstruaciones abundantes. Si le pide ayuda al docente, debe asistirla y
permitirle comunicarse con sus padres.
No dar al alumno medicamentos que afectan a la función plaquetaria como el ácido
acetilsalicílico (aspirina) y antiinflamatorios no esteroideos (el más conocido es el ibuprofeno).
